La renegociación del TLC

Varias declaraciones recientes de colaboradores cercanos a Trump, sin embargo, dieron la impresión que esas amenazas probablemente acabarían siendo mucho ruido y pocas nueces, lo que se reflejó hasta los últimos días de abril en una apreciación del peso y una mejor perspectiva para la actividad económica en México durante 2017.

Esa situación se alteró nuevamente el miércoles de la semana pasada, cuando se filtró que DT estaría por firmar una orden ejecutiva en la que manifestaría la intención de EU de retirarse del TLC, lo que reanudó las dudas respecto a su permanencia futura y depreció al peso. Luego resultó que siempre sí habría una renegociación, lo que restó presión sobre nuestra moneda.

La renegociación del TLC se ha retrasado por problemas políticos en EU. DT no ha podido lograr la confirmación de su candidato, Robert Lighthizer, como Representante Comercial de EU, y la renegociación no puede comenzar sin que antes DT la notifique a su Congreso con 90 días de anticipación, así como que se le avise formalmente sobre la misma a México y Canadá.

Lo anterior significa que la renegociación comenzaría, en el mejor de los casos, hacia agosto o septiembre, y conoceremos sus resultados definitivos al inicio de 2018, puesto que la intención del Gobierno de EU, según señaló Wilbur Ross, Secretario de comercio, es terminarla este año, para que no se contamine con el proceso electoral mexicano.

Lo que se conoce, por ahora, es una propuesta preliminar de la Administración de DT que circuló en los pasillos del Congreso estadounidense a fines de marzo respecto a los temas que se incluirían en las conversaciones con México y Canadá. Sin embargo, la Casa Blanca advirtió en esos días, por medio de su vocero Sean Spicer, que esa propuesta no describía adecuadamente la versión más reciente de la misma. No obstante, aquí comento algunos de sus planteamientos que muy probablemente se incluirán en la versión definitiva.

Primero, se busca establecer reglas en relación al comercio por internet, las ventas digitales y los requerimientos para almacenamiento de datos, que prácticamente no existían cuando se negoció el acuerdo hace más de dos décadas. Esto no parece que vaya a ser materia de disputa.

Segundo, hay propuestas que buscan que el TLC sea más favorable para los trabajadores de EU. Estas incluyen hacer más estrictas las regulaciones laborales y ambientales, lo que afectaría principalmente a México, donde se elevarían los costos de hacer negocios. Nuestro País, sin embargo, ya había aceptado varias de esas medidas como parte de las negociaciones del acuerdo comercial Transpacífico, por lo que no parece vayan a constituir un obstáculo importante en la renegociación del TLC.

Tercero, se plantea permitir a un país el uso de aranceles como salvaguarda si considera que las importaciones causan "daño serio o amenazan con daño serio" a una industria doméstica. Este puede constituirse en un obstáculo en la renegociación, por lo que la única forma en que lo aceptarían México y Canadá es que se establecieran garantías de que dichas acciones serían realmente en caso de emergencia, así como que se agregue la provisión de que las partes afectadas puedan aplicar medidas compensatorias similares.

Cuarto, el TLC estipula que cualquier proyecto gubernamental debe considerar empresas proveedoras de los tres países, pero DT quiere reglas que le den ventaja competitiva a las estadounidenses. Este es un tema espinoso cuyo desenlace es incierto.

Quinto, se propone la modificación de las reglas de origen, esto es, el porcentaje de un producto terminado hecho en América del Norte que lo hace elegible para el trato libre de aranceles dentro del TLC. El problema es que señala, además, que las reglas de origen deben garantizar que el TLC "apoye la producción y los empleos en EU". Esa expresión, así de vaga, sería inaceptable si su propósito es cambiar las reglas de origen para favorecer la producción en EU en lugar de la producción regional.

Más allá de lo anterior, hay una muy alta probabilidad de que se incluyan en la renegociación los sectores financiero y energético, que no fueron parte del acuerdo original. Esto quizá sea aceptado por los tres países, pero seguramente causará ruido en México según se acerque la elección presidencial del 2018.

Me parece que, salvo alguna otra reacción impredecible de DT, todos los puntos contenciosos son superables y es muy probable que, al final, siga vigente el acuerdo comercial.

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