Empecemos la reconstrucción integrándonos a la Nueva Ruta de la Seda

Empecemos a buscar soluciones y a ver a la nación como un todo. Aquí vamos a demostrar que esas soluciones existen, están a la mano, y son la única forma de lograr una supervivencia exitosa para nuestra nación en su conjunto. Es indudable que tenemos que acabar con la corrupción, que el sistema de partidos ha mostrado su total inutilidad y, tal vez, desaparecer, pero más importante es sacudirnos las telarañas mentales que nos impiden abordar asuntos fundamentales como el tema de que México se incorpore ya a la gran revolución científica y económica que representan los países BRICS (Iniciales de Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica), cuyo principal componente es China con su iniciativa Una Franja Una Ruta (La Nueva Ruta de la Seda). 
 
Terremoto financiero en marcha
 
El principal peligro que enfrenta la nación y todo el sector transatlántico en este momento es el gran terremoto financiero que ya está en marcha, con epicentro en los centros financieros de Wall Street y la City de Londres, el cual debemos revertir de inmediato, implantando las 4 Leyes propuestas por el economista estadounidense Lyndon LaRouche, o no tendremos la menor oportunidad de sobrevivir. Como lo señaló Helga Zepp-LaRouche el 19 de septiembre ante colegas suyos en Europa: “En primer lugar, la crisis financiera está por suceder. 
Ya vimos las advertencias que hicieron el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el Instituto Adam Smith, Giulio Tremonti, los medios alemanes Die Welt y Der Spiegel, y otros más. Todos ellos advierten que la crisis financiera venidera es “un accidente a la espera de que ocurra”. Y esas advertencias realmente son cada vez más fuertes; lo que no está claro es cuándo sucederá: ¿Será a finales de este trimestre que es el final del año fiscal en EU? ¿O lo detonará algún otro suceso?”
 
La importancia fundamental de los BRICS, el papel de China con la iniciativa de la Franja y la Ruta y las 4 Leyes de LaRouche, reside en que se convierten en el barco salvavidas para gran parte de las naciones del mundo ante esta debacle financiera.
 
Una Franja Una Ruta
 
A mediados del 2013, en Kazajstán, el presidente chino, Xi Jing, Ping, presentó un maravilloso concepto de desarrollo mundial al que denominó Una Franja una Ruta (en ingles, One Belt One Road, OBOR) tomando como base el  concepto de la Nueva Ruta de la Seda del connotado científico Lyndon LaRouche, que consiste en una red mundial de ferrocarriles de alta velocidad conectando regiones, países y continentes. Un desarrollo paralelo será la Ruta de la Seda Marítima, que conectará los ferrocarriles con la infraestructura de puertos y superpuertos a lo largo de los litorales de todo un continente y luego, conectar las rutas ferroviarias y marítimas  a otros continentes.
 
China ya empezó a construir esa red ferroviaria en Asia, que ya llega a terminales tan lejanas como Madrid, España, pasando por Bielorusia, Alemania y Francia, y muy pronto cruzará el túnel del canal de la Mancha para llegar a Londres. La totalidad de proyectos de infraestructura y desarrollo que está financiando China en Asia, África, Europa Central y varios puertos del Mediterráneo, equivalen a 8 veces el Plan Marshall con el que los EU ayudaron a reconstruir a Europa Occidental y Japón después de la segunda Guerra Mundial. 
 
En Iberoamérica, ya están muy avanzados los estudios para construir el ferrocarril bioceánico de Sudamérica, que conectará el océano Pacifico con el Atlántico con dos vías férreas desde Brasil hasta Perú, pasando por Bolivia; y desde Brasil hasta Chile, cruzando Argentina. Una buena Parte de los países de Sudamérica se está enganchando a la Nueva Ruta de la Seda, con importantes proyectos de energía nuclear, como Argentina, y ciudades de la ciencia como los de Bolivia y Ecuador; y también Centroamérica y el Caribe se preparan para unirse a la Nueva Ruta de la Seda, como Panamá, que ya está en tratos con China para remodelar el canal, y Nicaragua, donde China construirá un nuevo canal interoceánico para los barcos de mayor calado del mundo. En México, ya se aprobó por el Congreso y está por empezar la licitación para la construcción del Ferrocarril transoceánico del Istmo de Tehuantepec, que unirá dos superpuertos, Coatzacoalcos y Salina Cruz, con lo cual se consolidarán esas cinco rutas transoceánicas de  la Franja y la Ruta en Iberoamérica, que conectarán Asia con Europa y África. 
 
El Caribe, igual que México, Texas y Florida, ha sufrido grandes daños y destrucción por lo recientes huracanes y no hay forma de su reconstrucción exitosa si no nos unimos solidariamente toda la región en la Franja y la Ruta.
La misión de México
 
En este sentido, México tiene un papel fundamental para consolidar la expansión de la Franja y la Ruta no solo hacia Iberoamérica, sino también hacia la zona de Norteamérica. A este respecto, fue el propio presidente chino quien, en la reciente reunión de los BRICS-Plus que se celebró este 4 y 5 de septiembre en Xiamen, China, definió lo que debe ser, así lo entendemos, la nueva misión de México: 
 
 “Ambas partes deben unir sus estrategias de desarrollo y sinergizar sus respectivas ventajas para construir una cadena de suministro que conecte a China y México y que irradie a las regiones circundantes”, a lo cual añadió que espera que los lazos chino-mexicanos desempeñen “un papel ejemplar” en el proceso de construcción de una comunidad entre China y América Latina.
 
Ese momento ya está aquí y es ahora. México debe acelerar su inserción en la Franja y la Ruta reconstruyendo precisamente las zonas dañadas como Oaxaca y Chiapas. Ahí, es donde tenemos que emplear las mejores técnicas de construcción, que México posee, con financiamiento federal para construir un sistema de infraestructura moderna y eficiente y unirse a la conectividad que le presenta la Nueva Ruta de la Seda. Este debe ser el sentido de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), a las cuales el presidente Peña Nieto dio el banderazo el pasado 28 de septiembre, cuya primera fase abarca tres polígonos de desarrollo centrados en Lázaro Cárdenas-Las Truchas, Michoacán; Coatzacoalcos, Veracruz; y Puerto Chiapas, Chiapas. Como dijo el Presidente, se trata de vencer la pobreza del sur de México, “de una vez por todas”. China ya puso el ejemplo, pues sacó a 700 millones de chinos de la pobreza, en los últimos 30 años, con este concepto económico. Solo falta resolver los problemas de tenencia de la tierra en las comunidades afectadas por el trazo del nuevo ferrocarril de alta velocidad, del Istmo de Tehuantepec,  que unirá Coatzacoalcos con Salina Cruz, para consolidar esta primera fase, pues ese ferrocarril es la columna vertebral para el comercio transatlántico de esas zonas económicas especiales. Una segunda fase contempla extender el ferrocarril hacia Puerto Chiapas y Chetumal, así como un corredor centrado en gas y petróleo desde Coatzacoalcos hasta Campeche, Tabasco.
 
China está lista para que muchas naciones más se unan a este nuevo sistema de cooperación global por el desarrollo, incluso se hacen las gestiones necesarias para que Donald Trump haga que EU participe. 
 
Mexit, Trumpexit y Norteamexit
 
A este respecto, es absolutamente crucial que México asuma su papel de unificador de Iberoamérica, como lo intentó en su tiempo  el Presidente José López Portillo, y solo de esa forma México logrará que Trump nos respete como nación, y a toda Iberoamérica, y que nos escuche: somos 680 millones de habitantes en toda Iberoamérica, y en todo el continente, 996 millones. Podremos equipararnos a China como potencia económica si Trump se olvida del estúpido muro y se abre  a una relación  económica justa con  Iberoamérica para transferirnos tecnología e integrarnos conjuntamente a la parte terrestre de la Franja y la Ruta vía la construcción de un túnel en el estrecho de Bering, para conectarnos a esa red ferroviaria  mundial de  alta velocidad.  Como lo ha dicho el Cónsul de China en Tijuana: México (e Iberoamérica), deben prepararse para recibir a 100 millones de chinos en viajes de turismo y negocios, y que mejor, decimos nosotros, que sea por esa ruta. Ni que decir de los beneficios que ese flujo de turistas y hombres de negocios acarrearían para Canadá y los Estados Unidos. Y viceversa, de América hacia Asia, Europa y África.
 
Debemos convencer a Trump, actuando como una sola voz, como un verdadero Bloque Común de Países Deudores, como el que propuso Lyndon LaRouche en 1982 y que el entonces presidente, López Portillo, trató de formar. Todos los consulados Iberoamericanos deben fomentar entre los inmigrantes, los dreamers y  los ya nacionalizados en EU, que en sus movilizaciones políticas se exija al Congreso de los EU que implante las Cuatro Leyes de LaRouche para integrar a las Américas a la Nueva Ruta de la Seda. Sería un Mexit, un Trumpexit y un Norteamexit combinados. 
 
Las cuatro leyes son:
 
1.- La reinstauración de la Ley de Separación Bancaria Glass-Steagall que se promulgó en 1933 bajo el gobierno de Flanklin D. Roosevelt, para separar a la banca Comercial de la banca de Inversión. A la banca de inversión se le deja completa y totalmente a su suerte. Siendo una banca puramente especulativa, simplemente que se hunda en sus propias deudas y apuestas y no reciba más rescates, como se hizo desgraciadamente  en el caso del Fobaproa en México.
 
2.- El establecimiento de una banca nacional perfectamente regulada por el Estado. Para ello, en el caso de México, se tendría que eliminar el autónomo Banco de México (que en realidad de autónomo nada tiene, pues depende por completo de la Reserva Federal de EU), y crear uno nuevo, sin la burocracia monetarista que lo controla actualmente.
 
3.- La creación y la utilización inmediata de un Sistema de Crédito Nacional a través de esta nueva banca nacional, que al invertir fuertes cantidades  en grandes proyectos de infraestructura (presas, puentes, ferrocarriles, gestión de agua, telecomunicaciones, hospitales y escuelas) podría generar altas tasas  de productividad, mejorando el empleo y con ello tener una pauta de elevación sostenida de salarios. Al aumentar la productividad general de la economía, no solo se trata de trabajar más, sino trabajar mejor, empleando menos esfuerzo y obteniendo mejores resultados. Es decir, aumentamos la cantidad y la calidad del empleo productivo. 
 
4.- Un gran programa científico, basado en la energía nuclear. Primordialmente orientado a la fusión termonuclear y un programa de ciencia y tecnología espacial. Este será el motor del desarrollo, como ahora lo está haciendo China.
 
Esto es lo que deberían estar discutiendo los EU y México en estos momentos, una transición ordenada del ya obsoleto Tratado de Libre Comercio (TLCAN), a una nueva economía, de integración económica de las Américas en el nuevo orden económico mundial definido por estas 4 Leyes y la Nueva Ruta de la Seda, en vez de mezquinas marrullerías de changarrero taimado para ver quien aventaja a quien en ese acuerdo comercial obsoleto.
 
El estado debe financiar y ser rector de la industrialización
 
Ninguna estrategia de reconstrucción, ni de industrialización, particularmente en las Zonas Económicas Especiales, tendrá éxito dentro de las reglas del TLCAN y del esquema de Participación Pública-Privada (PPP). El TLCAN no ha sido un éxito, ha sido un esquema que convirtió a México en una enorme plantación esclavista de maquiladoras con los salarios más bajos del mundo, que produjo más pobreza y agudizó la separación entre ricos y pobres, sentando las bases de la violencia y del reclutamiento de esos sectores empobrecidos al crimen  organizado y al narcotráfico. El esquema PPP no funciona porque tenemos una banca privada extranjera, cuyo propietarios son los dueños de la burbuja especulativa que está a la espera de cualquier “accidente” para estallar. Es una casta oligárquica de buitres dispuestos lucrar con el desastre, y un sector empresarial nacional en bancarrota que les rinde pleitesía y los imita. Para arrancar hacia una verdadera reconstrucción e industrialización, el financiamiento solo puede provenir del Estado, con el nuevo sistema de crédito propuesto en la 2ª de las 4 Leyes de LaRouche. 
 
Tomemos el ejemplo de Puerto Rico, donde Trump se deshizo del esquema PPP acusando a los empresarios de querer lucrar con la tragedia y anunció, el 30 de septiembre, que el gobierno asumirá todo el gasto para la reconstrucción de la isla. México debe hacer lo mismo en Oaxaca y Chiapas, y en los demás estados afectados. 
 
A evitar los desastres
 
Japón, al igual que México, está en una región altamente sísmica. Ambos formamos parte del Anillo de Fuego, una cadena de volcanes que rodea al Océano Pacífico. Japón ha sufrido como nosotros, incluso más, sin embargo, ha mejorado su infraestructura y con ello puede enfrentar cada vez mejor los embates de la naturaleza. En marzo de 2011 sufrió uno de los peores terremotos y tsunami de su historia, y ante la gran pérdida de vidas humanas y materiales, se levantó con grandes inversiones en infraestructura.
 
En 1949, la ingeniería antisísmica aplicada en México, buena parte desarrollada aquí, se mostró en la construcción de la Torre Latinoamericana,  que ha soportado 66 sismos mayores a magnitud 7 desde su inauguración en 1956. La torre sigue ahí, como un símbolo de la ingeniería mexicana. Y desde entonces, la geotecnia mexicana ha tenido enormes avances, reconocidos en el mundo. No es el único ejemplo, pero sí el más representativo, que nos enseña el porqué vivir en una región altamente sísmica como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, o la propia CDMX, no es el problema, sino el bajo nivel de desarrollo de la economía física. En México, este desarrollo se detuvo a finales de 1982, justo cuando arrancó el modelo de libre comercio que ahora se pudre por todo el mundo.
 
Una lección obligada después de los sismos, es que se convierten en desastres humanos, justo porque no hemos creado la infraestructura necesaria que reduzca o evite daños. Debemos abrir brazos de cooperación entre países para resolver los problemas de huracanes, asteroides e incluso predicción de terremotos. Desafortunada es la creencia popular, incluso entre científicos, de  que no se pueden predecir los terremotos, sin embargo, ya hay científicos como el Prof. Sergey Pulinets, que investigan los precursores de sismos y que desde el 2011 el planteó la necesidad de desarrollar un enfoque de factores múltiples para la predicción de terremotos, desde los precursores relacionados con la corteza, hasta la atmósfera y la ionósfera.
 
¿Qué necesitamos de infraestructura en México?
 
– Con el libre comercio, México abandonó todo programa de gestión de agua, y de fabricación de agua. Los dos sistemas de gestión de Agua más importantes planteados hace más de 30 años, nunca se construyeron, ahora es el momento. El PLHINO (que hace correr las aguas por el noroeste)  y el PLHIGON (que corre por el golfo), dotarían de agua abundante a las regiones más castigadas por la sequía, en donde se habilitarían varios millones de hectáreas al riego para la producción a gran escala de granos y otros cultivos, además de resolver el problema de abasto de agua en las ciudades.
 
– La ionización atmosférica, que ha dado enormes resultados experimentales para aumentar la precipitación pluvial. 
 
– Otra forma de producir agua potable es con plantas desaladoras de agua de mar, con el proceso de ósmosis inversa, que pueden usar como fuente de electricidad plantas termoeléctricas o plantas nucleares, como las que estaba proyectadas en el programa nuclear mexicano de José López Portillo, de 1982 y abandonado por exigencia del libre comercio,  incluso antes de que se terminara y encendiera la única planta nuclear, Laguna Verde. Ahora debemos desarrollar ese programa nuclear: 20 plantas nucleares para proveer de energía a 20 ciudades nuevas, para un millón de habitantes cada una, que se construirían en la zona costera de México, a lo largo del PLHINO y del PLHIGON, para descentralizar la gigantesca ciudad de México. Cientos de miles de capitalinos emigraron al interior del país después del sismo de 1985, para regresarse rápidamente tras comprobar que no había suficientes casas ni empleos para ellos. ¿Cuántos quisieran vivir ahora en otra ciudad? Además es económicamente necesario. 
 
– El sistema nacional de ferrocarriles a desarrollar, sería una amplia red que conecte centros urbanos a gran distancia incorporando a los puertos y a zonas industriales, para formar corredores de desarrollo agroindustrial.  Deben ser trenes de alta velocidad (300 km/h) que formarían una red troncal a la que se conectarían redes secundarias de ferrocarril convencional y autopistas. Las principales rutas troncales serían: Ciudad de México-Laredo, Nayarit-Cd. Juárez, Salina Cruz-Coatzacoalcos (ruta transístmica), Ciudad de México-Tijuana y Tijuana-Matamoros. China ha demostrado su interés en construir estas rutas. Incluso en la citada reunión de los países BRICS, en Xiamen, China, México con otros cinco países estuvo como invitado especial y se planteó la necesidad de crear en nuestro país un gran centro logístico internacional. Para esto tendríamos que convertir los puertos más importantes del Pacifico, del Atlántico y del Caribe, en superpuertos. Además crear nuevos puertos que estarían conectados a las rutas ferroviarias.
 
– La AEM, Agencia Espacial Mexicana, deberá incorporarse a los programas de desarrollo lunar de China. Participar del desarrollo de instrumentos y prototipos con agencias espaciales de Iberoamérica, Asia, EU y la Unión Europea. La ciencia espacial debe de fluir velozmente en nuestras universidades y centros de investigación para recuperar el tiempo perdido y poner este noble conocimiento como principal impulsor de la tecnología nacional.  Ya tenemos una cierta mano de obra calificada en los actuales corredores de informática y aeronáutica en Jalisco, Querétaro, Aguascalientes y Sonora.

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