Renegociación TLC: lo bueno, malo, feo y contradictorio

Lo bueno. El comercio entre países puede ser severamente afectado por medidas no arancelarias y por trabas regulatorias de diversa índole. Hoy más que nunca, el entorno institucional es esencial para permitir el libre flujo de bienes, servicios y capitales y, sobre todo, para maximizar sus beneficios. En este sentido, es importante promover y garantizar instituciones estables, autoridades transparentes y reglas claras. El documento plantea, de forma acertada, objetivos de transparencia regulatoria, modernización aduanera y cooperación intergubernamental. Asimismo, pretende regular con mayor contenido la competencia económica, el combate a la corrupción, las contrataciones públicas (aunque en este último caso sujeto a excepciones que es necesario revisar) y las actividades de empresas propiedad del Estado. Algunas de estas ideas parecen estar pensadas para los demás socios, pero aquí no cabría la asimetría y todo debería ser parejo. Sería absurdo pensar que un país se obligara a ser más institucional que el otro. Por último, es importante destacar que no se plantea alterar la estructura arancelaria.

Lo malo. El Gobierno estadounidense propone eliminar el capítulo XIX, que permite a los particulares afectados con motivo de la aplicación de una cuota compensatoria o antidumping, recurrir directamente a un panel binacional en sustitución de los tribunales locales. Estados Unidos es de hecho el país más demandado bajo este mecanismo (36 casos terminados, frente a 14 de Canadá y 13 de México), aunque también ha sido el más activo aplicando cuotas. En términos generales, los resultados han sido equilibrados para todos. El mecanismo es único en su tipo a nivel internacional y constituye un sano contrapeso para las autoridades nacionales en esta materia. La eliminación sería un retroceso, sin embargo, tampoco debería representar un punto de quiebre. Preocupa más la verdadera razón atrás de esto, aunado a la propuesta explícita de "facilitar" la aplicación de medidas de este tipo, cuando la aspiración debería ser justamente la contraria: que los socios no apliquen entre sí sus sistemas antidumping.

Lo feo. La introducción del documento preocupa, al referir que, desde la vigencia del TLCAN, los déficits comerciales han explotado, miles de fábricas han cerrado y millones de trabajadores han quedado varados. Incluso, menciona que las promesas -incumplidas por años- de los políticos de renegociar el acuerdo habían dado una falsa esperanza a los trabajadores de que "la sangre dejaría de correr". En efecto, reducir el déficit de Estados Unidos se presenta como uno de los objetivos fundamentales. El punto es que nada de esto es atribuible al TLCAN, y tiene mucho más que ver con variables macroeconómicas (e.g. tasas de consumo y ahorro), la automatización de procesos productivos y la estructura competitiva doméstica. La mayor preocupación es que esta falsa premisa conduzca a una restricción cuantitativa artificial de los volúmenes de comercio, lo que generaría serias distorsiones en las cadenas productivas y afectaría sensiblemente diversas industrias exportadoras de nuestro País.

Lo contradictorio. Se propone que Canadá y México reduzcan o eliminen barreras a la inversión en todos los sectores. Esto objetivo sería del todo entendible si no fuera porque viene de donde viene. Primero habría que recordar que nuestro país ha relajado o liberado -en muy poco tiempo- barreras a la inversión extranjera en actividades tan relevantes como la energía, telecomunicaciones, servicios financieros o el transporte aéreo (Estados Unidos podría hacer lo propio con el transporte doméstico). Pero sobre todo, que al Presidente Trump le molesta de sobremanera que las empresas de su país inviertan en el nuestro. ¿En qué quedamos entonces? Se propone asimismo que los inversionistas extranjeros no tengan mayores derechos que los nacionales, lo cual implicaría -si aceptamos nuevamente que no proceden asimetrías en estos temas- desaparecer el mecanismo de solución de controversias inversionista-Estado que -aparentemente a diferencia del capítulo XIX- ha generado muy buenos resultados a Estados Unidos (que nunca ha perdido un caso) y a sus inversionistas (que han ganado varios por sumas considerables).

 
Maestro en Derecho por Oxford y en Políticas Públicas por Flacso. Comisionado @cofecemx. Profesor en la UIA. Opinión a título personal. Twitter: @AlejandroFaya Email: afayardz@gmail.com

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