EU y China

Trump ya entendió que China es un poder que le pisa los talones a Estados Unidos y que tiene que tratar a su presidente con cortesía.

Además, Trump creyó que al pedirle a Xi que controlara el desafío norcoreano en Abril pasado, iba a ocurrir. Xi al igual que Trump actúa con indiferencia cuando le conviene y desestima acuerdos verbales por razones geopolíticas. Para China, Corea del Norte es importante. Este país tiene con China 85% de su comercio exterior.

Tampoco a China le gusta que la administración Trump le haya vendido recientemente armamento a Taiwán por 1,200 millones de dólares, después de que Trump aceptara el principio de “una sola China”. O sea, me mientes, te miento.

Otra cuestión importante es que mientras 19 países, uno de ellos China, confirmaron el Acuerdo de París sobre cambio climático, Washington lo rechazó. Angela Merkel, anfitriona y líder indiscutible, lo reconoció con frialdad señalando que: “Donde lamentablemente no hay consenso, hay que reflejar el disenso, no ocultarlo”. Con la posición de Trump quedó reflejado el aislamiento estadounidense que tendrá consecuencias.

En libre comercio, el gobierno de Trump continuó con su posición proteccionista, mientras que el resto de países se pronunció en favor de aquel. La posición irreductible de Trump olvido detalles institucionales, como por ejemplo al ofrecerle a Theresa May, la primera ministra británica, “un acuerdo de libre comercio muy potente y rápido”. Bruselas advirtió a May que la negociación de acuerdos comerciales es competencia exclusiva de la Comisión Europea, por lo que Londres no podrá suscribir ninguno hasta que abandone la UE.

El gobierno de EU mientras Trump sea el presidente tendrá el rechazo de muchos países desarrollados y emergentes por sus posiciones incompatibles y de ruptura con las políticas que se diseñan. Esto abre la participación de China que antes de Trump estaba acotada.

También significa una confrontación de poderes ante el descenso de EU y el ascenso de China. Una comparación global define estos desplazamientos así: después de la Segunda Guerra Mundial, EU representaba 50% del PIB mundial. Ahora es 16 por ciento. China, por su parte, pasó de representar 2% de la economía mundial en 1980 a 18% en el 2016 y se estima que para el 2023 la economía de China será 50% mayor que la actual.

Estos posicionamientos han llevado a algunos analistas a especular sobre una eventual guerra entre EU y China, tomando en cuenta la experiencia histórica en donde una potencia emergente resuelve sus problemas con la potencia dominante a través del conflicto bélico. Así fue durante 500 años, según lo analizó Graham Allison, director de la Kennedy School de Harvard.

En ese lapso, 12 de 16 casos que se presentaron de conflictos entre dos potencias relevantes, terminaron en guerra.

Sin embargo, los tiempos han cambiado y la naturaleza de los protagonistas. China ha logrado con discreción surgir como una potencia mundial atendiendo una parte importante de la demanda mundial de bienes y ha emprendido grandes proyectos de desarrollo científico y tecnológico.

Asimismo, tiene enormes problemas que resolver, entre otros el hecho de que cada año muere 1 millón de personas por enfermedades causadas por la contaminación ambiental. Y para superarlo necesita del apoyo de Occidente, principalmente de Europa.

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