El descosido al que se enfrenta la industria textil

El sector se prepara para una caída de ventas cercana a los 7.000 millones en 2020. El golpe supondría vivir una crisis similar a la de 2008, pero en un año en lugar de siete, por lo que los efectos sobre la supervivencia de las empresas y el empleo serán mucho peores.

La caída del negocio que ha provocado la crisis del Covid-19 en el sector textil es histórica. Las ventas bajaron un 76% en España en marzo, según datos de la patronal Acotex, pese a que los comercios no cerraron sus puertas hasta mediados de mes. Y el desplome fue del 90% en abril, el primer mes completo con todos los locales cerrados.

Las grandes cadenas han tratado de impulsar la venta online con descuentos, eliminando los costes de envío y flexibilizando las condiciones de devolución, pero el comercio electrónico no ha servido para amortiguar el golpe provocado por el cierre de los establecimientos físicos.

De hecho, en la mayoría de los casos, ha ocurrido lo contrario y los grupos han registrados cifras de venta inferiores en su canal digital a las de hace un año. Y eso quien tiene canal digital, porque para muchas tiendas multimarca o pequeños comercios el saldo de ventas durante dos meses ha sido cero.

La situación irá mejorando a medida que avance la desescalada. Si en la Fase 0 se permitió la apertura con cita previa a los establecimientos de menos de 400 metros cuadrados, la Fase 1 dio luz verde a que estas tiendas pequeñas pudieran abrir sus puertas al público, aunque limitando el aforo al 30%. Y en la Fase 2 han comenzado ya a operar las grandes superficies, aunque manteniendo límites de aforo.

Gran parte del sector criticó la medida del Ejecutivo de establecer una limitación de espacio a 400 metros cuadrados en las Fases 0 y 1, debido a que los pocos países que adoptaron una posición similar permitieron a las grandes superficies acotar espacios que cumplieran el límite, algo que al principio España no permitía y finalmente ha hecho. Tampoco ha ayudado la polémica sobre si se podían hacer rebajas o no.

Un panorama sombrío

Un estudio de BCG señala que el comercio textil se enfrenta este año a una caída del negocio cercana al 40% en España, lo que equivale a perder 7.000 millones de facturación. La cifra es similar al golpe sufrido por el sector en la anterior crisis, aunque con una diferencia enorme: entonces se produjo en siete años, dando a la industria tiempo para adaptarse, y ahora se concentrará en uno, por lo que sus consecuencias serán peores. Y eso es dramático si se tiene en cuenta que en la anterior crisis desaparecieron más del 10% de los comercios y empleos del sector.

Los tres principales problemas a los que se enfrenta ahora la industria están identificados. El primero es la caída de la demanda. El descenso de las ventas durante el confinamiento se va a mantener durante meses, aunque sea en menor medida, debido a un cliente nacional que tendrá menos renta disponible para gastar en moda y al desplome del turismo.

Este panorama se cierne (segundo problema) sobre unas empresas textiles con unos stocks enormes a los que hay que dar salida. Puede que algunos grupos decidan guardar ropa para el año que viene, pero la mayoría no pueden permitírselo porque ya la han pagado y no tienen colchón.

Las empresas necesitan generar liquidez para salvaguardar su viabilidad (tercer problema), lo que previsiblemente se traduzca en promociones agresivas y en un fuerte golpe sobre su rentabilidad. Aunque, antes que nada, la clave es dar seguridad al cliente para que acuda a comprar.

Ante esta problemática, la prohibición de realizar rebajas en las tiendas físicas para evitar las aglomeraciones suponía una barrera para el sector, ya que privaba a las cadenas de utilizar la que ha sido en los últimos años su principal herramienta para estimular el consumo. Finalmente, Sanidad ha cedido a la presión y ha permitido las ofertas.

Seguridad

Además de recortar drásticamente los ingresos, la pandemia también ha generado mayores costes para las marcas de moda. En un primer momento, cuando el Covid-19 paralizó la actividad económica en China, muchas buscaron proveedores alternativos en mercados más cercanos. Pocos meses después, cuando el virus se expandió a estos países, tuvieron que volver a buscar fábricas en zonas del gigante asiático que hubieran recuperado la actividad, una operación que varias de las cadenas españolas han valorado en un coste de millones de euros.

La adaptación de las tiendas para su reapertura tampoco será barata. Medidas de limpieza extraordinarias, cuarentena y desinfección de las prendas, test y equipos de prevención para los empleados y mamparas en las cajas registradoras son sólo algunos de los elementos que han tenido que sufragar las cadenas para volver a abrir sus tiendas.

La pandemia también cambiará la experiencia de compra. Los establecimientos tendrán menos producto expuesto y se favorecerá que sean sólo un punto de encuentro con la marca pero que la compra se realice online. Por el momento, los aforos estarán limitados, tanto a las tiendas como a los probadores, donde los clientes no podrán entrar acompañados.

Los ejes y los centros comerciales también ofrecerán un aspecto distinto, ya que no todas las tiendas abrirán a la vez. En un primer momento, las grandes cadenas como Inditex, Mango y Cortefiel abrieron sólo alrededor de un 30% de su red comercial en España, aunque esa cifra ha ido creciendo según han ido avanzando las semanas y ya se encuentran casi a pleno rendimiento, aunque con restricciones. La recuperación de las ventas será más lenta.

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