El cambio climático reduce stocks y eleva la diversificación de mercados en el textil

Los termómetros rara vez engañan. El mundo está sufriendo los fenómenos vinculados al cambio climático cada vez en mayor medida, desde calores tan sofocantes que baten cualquier registro conocido hasta la fecha a la imposibilidad de predecir cuándo va a llegar cada año el verano o el invierno. Un impacto tan severo que no solo está golpeando la vida de la sociedad sino también la realidad de aquellas actividades como el textil cuya producción muchas veces viene estrechamente ligada a lo que marque el termómetro. Los cambios, explican desde el sector, ya se están produciendo.

Lo confirma así el presidente de la Asociación de Empresarios Textiles de la Comunitat Valenciana (Ateval), Pepe Serna, quien destaca que el cambio climático «siempre ha generado gran preocupación» en este sector valenciano, ya que, «cuando hay un año en que se retrasa el frío o el calor», ese hecho se nota en las ventas al producirse también una reducción en el consumo. La gente «aguanta y no compra más. O se espera a las rebajas», señala el dirigente de Ateval, algo que cada vez resulta más frecuente con un cambio climático que ha acabado con las a menudo inamovibles temporadas de la moda o el hogar. Sin ese horizonte de certezas, llega uno de mayor incertidumbre.

Soluciones ante la incertidumbre

Ante esa situación de no saber cuánto te permitirá vender la climatología, Serna destaca que muchas de las empresas del sector optan por «tener un stock más pequeño, a veces mínimo» y con ello un mayor margen de maniobra –en forma de evitar tener sobrante– a la hora de afrontar una bajada de la demanda por factores climáticos. En paralelo, se produce otra realidad –destaca el dirigente de Ateval– como es un mayor acortamiento de las cadenas de suministros, «con proveedores más cercanos». Lo reconoce así también Càndid Penalba, propietario de Cotoblau, que señala que cada vez «los grandes distribuidores mundiales valoran más la huella de carbono y que los proveedores estén más cerca de los centros logísticos». Es decir, la búsqueda de un menor impacto para el medioambiente, algo que apunta que el textil europeo «tiene que aprovechar».

Asimismo, tanto Serna como Penalba coinciden en otro punto clave. Si en un mercado en concreto la temperatura acaba siendo inusual y se limita la posibilidad de ventas, la solución pasa por una mayor diversificación de países, por ejemplo a lugares donde hace frío para comercializar productos ‘cálidos’. «Es muy importante tener un mercado variado para tener esas alternativas», señala el presidente de Ateval. «Es algo que se tiene que hacer continuamente», refuerza el dueño de Cotoblau. A ello se suma en algunos casos una «reconversión hacia otros productos».

Grandes impactos

Pero este problema no solo deriva en un alza de las temperaturas, sequía o mayores lluvias. También puede provocar un aumento considerable de las catástrofes naturales, fenómenos que Penalba insiste en que generan un gran golpe para el negocio y las ventas en el territorio en el que se producen.

Asimismo, el empresario también recuerda la repercusión que tienen todos estos peligros para las instalaciones de las compañías, como la necesidad de tener que invertir para «aislar las naves industriales» con el objetivo, por ejemplo, de proteger de las fuertes temperaturas a los trabajadores, ya que, si no, ese tipo de calor «no se puede aguantar».

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