¿Algún día podremos reciclar nuestra ropa como una lata de aluminio?

Una nueva planta de reciclaje textil que inauguró la empresa Renewcell en la pequeña ciudad costera de Sundsvall, Suecia, es tan grande que los empleados utilizan bicicletas para ir de un extremo a otro de la línea de producción.

Los grandes fardos de residuos de algodón se vierten en cintas transportadoras, se trituran y luego se descomponen en un lodo húmedo, con la ayuda de productos químicos. Esa pasta, conocida como pulpa disuelta, se blanquea, se seca, se estampa en hojas de lo que parece ser papel reciclado para manualidades, se le da el nombre de marca Circulose, y se envía a los fabricantes para que se convierta en tejidos como viscosa para la ropa.

Hasta ahora, la mayoría de las prendas que se comercializaban como fabricadas con materiales reciclados solo contenían un pequeño porcentaje de algodón reciclado o se fabricaban con botellas de agua, redes de pesca y alfombras viejas. (Existe tecnología para reciclar el poliéster, pero es excesivamente cara y rara vez se utiliza).

La fábrica de Renewcell es uno de los primeros pasos hacia un sistema que convierte la ropa vieja en ropa nueva de alta calidad fabricada en su totalidad con tejido reciclado. También contribuye a hacer frente a las montañas de residuos textiles que se acumulan en todo el mundo y podría ayudar a reducir el número de árboles que se talan en bosques ecológicamente sensibles con el fin de producir tejidos para la industria de la moda. (Cada año se talan más de 200 millones de árboles con el fin de producir pulpa disuelta para tejidos celulósicos artificiales, como el rayón, la viscosa, el modal y el lyocell, según Canopy, una organización canadiense sin fines de lucro que trabaja con las industrias del papel y la moda para reducir la deforestación).

Alrededor de media decena de empresas emergentes de todo el mundo se dedican al reciclaje comercial de textiles, y Renewcell es la primera en abrir.

“Es emocionante”, comentó Ashley Holding, consultora de textiles sustentables y fundadora de Circuvate, sobre la apertura de la fábrica. “Es genial verlos llegar a esa etapa”.

El auge de los bienes no deseados

Dentro de la nueva planta de reciclaje textil de Renewcell en Sundsvall, Suecia, el 25 de noviembre de 2022. (Felix Odell/The New York Times).

La circularidad de la moda no siempre fue tan complicada. Antes de la industrialización, la mayoría de la gente fabricaba su propia ropa con materiales totalmente naturales. Según un estudio de 2018 de la Universidad de Brighton, los ricos reutilizaban y pasaban su ropa a los sirvientes, y luego a las personas en comunidades rurales, quienes la remendaban hasta que las prendas ya no se podían usar y luego las intercambiaban con recolectores de trapos. En Europa, esos trapos se recolectaban en almacenes y finalmente se enviaban para convertirlos en papel o lana de mala calidad que se usaba en mantas y abrigos asequibles.

Con la industrialización de la moda a fines del siglo XIX, las personas que antes cosían su ropa en casa comenzaron a comprar algunas de sus prendas, escribió Adam Minter, autor de “Secondhand: Travels in the New Global Garage Sale”, en un correo electrónico.

“A medida que las prendas perdían valor y las mujeres se incorporaban a la fuerza de trabajo industrial, los consumidores tenían menos incentivos y menos tiempo para remendar y reparar”, según Minter.

El flujo de bienes no deseados se amplió y el Ejército de Salvación, que abrió sus puertas en Nueva York a finales del siglo XIX, empezó a recaudar dinero para proyectos de beneficencia que recibían, reparaban y revendían ropa y enseres domésticos, según Minter. Goodwill se fundó más o menos al mismo tiempo que el programa de caridad de una iglesia de Boston.

“En la década de 1910, el volumen de ropa y otros bienes de consumo no deseados era tan grande que las organizaciones benéficas dejaron de reparar la ropa”, explicó Minter.

Hoy en día, la mayor parte de nuestra ropa acaba en la basura, aseguró Maxine Bédat, autora del libro de 2021 “Unraveled: The Life and Death of a Garment”. Es difícil obtener una cifra fiable de cuánto se desecha, sobre todo en Estados Unidos. Pero, dijo, “seguimos tirando la mayoría”.

Se dispone de más datos sobre Europa. En promedio, el 62 por ciento de la ropa que sale al mercado cada año en seis países de Europa occidental acaba en vertederos o incineradoras, según un estudio reciente de Fashion for Good.

Lo que no se tira sigue yendo a parar a organizaciones como Goodwill, que se deshacen de lo que no se puede vender a empresas de clasificación con fines de lucro, según Bédat. La ropa que se puede usar se vende en los mercados de reventa de los países en vías de desarrollo, y los textiles que no se pueden usar se convierten en trapos y fibras de menor calidad para cosas como el aislamiento térmico. La ropa que se entrega a las colecciones de los mercados de agricultores y a las marcas de moda rápida a través de los programas de devolución también suele acabar en estas empresas de clasificación con ánimo de lucro, según Bédat.

Alrededor del 40 por ciento de lo que el mundo occidental envía a uno de los mercados de reventa más grandes en Acra, Ghana, se considera basura, según la Fundación Or, que aboga por una mejor gestión de los desechos de ropa. Se han fotografiado montañas de ropa vieja en playas, vertederos y desiertos de África y América Latina.

“El mercado de reventa está cediendo bajo el peso de la cantidad de basura que, básicamente, están recibiendo”, explicó Rachel Kibbe, directora ejecutiva de la consultora de moda Circular Services Group. “Hay empresas que se están convirtiendo en gestores de residuos de facto”.

La carrera para reciclar textiles

La nueva fábrica de Renewcell solo acepta desechos textiles de algodón puro y muchas prendas están hechas de mezclas sintéticas. Pero podrá absorber una gran cantidad: más de 120.000 toneladas métricas al año. Alrededor de 163.000 toneladas métricas de desechos de algodón de bajo valor, listos para el reciclaje químico, salen anualmente de seis países de Europa occidental, según un estudio reciente de Fashion for Good.

A partir de telas provenientes de fábricas de mezclilla y minoristas de segunda mano de todo el mundo, la fábrica produce láminas de pulpa disuelta seca, llamada Circulose (celulosa circular), que vende como ingrediente principal para telas celulósicas artificiales como viscosa, rayón y modal.

“Estamos creando circularidad dentro de la industria de la moda”, comentó el director ejecutivo de Renewcell, Patrik Lundström. “En la actualidad, la circularidad en la industria de la moda realmente no existe. Hemos estado hablando de este impacto ambiental durante los últimos veinte años. Tenemos muy poco progreso hasta ahora”.

Los investigadores fundadores de Renewcell, Mikael Lindstrom y Gunnar Henriksson del Real Instituto de Tecnología de Estocolmo, desarrollaron por primera vez la tecnología para procesar desechos de algodón en 2012.

La empresa produjo suficiente tela reciclada para un vestido en 2014 y construyó una planta de demostración en 2017. Atrajo el interés de marcas como Stella McCartney, que financió un análisis del ciclo de vida que mostró que Circulose tenía el impacto climático más bajo de entre diez fibras celulósicas sintéticas diferentes. En 2017, H&M se convirtió en accionista minoritario de la empresa.

La empresa salió a la bolsa y cotizó en Suecia en el Nasdaq First North Premier Growth Market en 2020. H&M, Levi Strauss y Bestseller, una cadena de ropa internacional con sede en Dinamarca, se han comprometido a incorporar Circulose en su ropa. (En 2021, Levi’s debutó con una colección cápsula de pantalones de mezclilla fabricados con un dieciséis por ciento de Circulose).

“La Circulose que sale es muy valiosa porque es un tejido reciclado, pero se comporta como virgen”, señaló Paul Foulkes-Arellano, fundador de Circuthon, una consultoría de gestión de economía circular.

Los críticos señalan que lo más sustentable sería volver a usar, reparar y reciclar las telas para convertirlas en ropa nueva, como hacía la gente en el siglo XIX.

Incluso Renewcell, que funciona con energía hidroeléctrica, no está cerrando del todo el ciclo, pues no convierte el algodón en algodón. (Aunque algunas marcas como Levi’s han usado Circulose para remplazar parcialmente el algodón en algunos productos, y las pruebas de laboratorio muestran que se puede ejecutar este proceso hasta siete veces, de manera similar al reciclaje de papel).

“Reciclar cosas consume mucha energía”, aclaró Foulkes-Arellano. “Si fuéramos sensatos, simplemente cortaríamos toda la mezclilla, todas las camisetas, y las reciclaríamos para elaborar prendas nuevas. Quiero decir, hay muchas compañías de mezclilla reciclada que son muy buenas. Pero las grandes empresas quieren tela nueva”.

Kathleen Rademan, directora de la plataforma de innovación de Fashion for Good, una aceleradora de tecnología de moda sostenible, estima que pasará al menos otra década antes de que alguien pueda reciclar una sudadera desgastada de la misma manera en que puede reciclar una lata de refresco. Dijo que se necesita una mayor inversión de capital en la construcción de plantas de reciclaje, un mayor compromiso de las marcas para comprar fibras recicladas y un compromiso de los fabricantes de ropa para integrar productos reciclados en la cadena de suministro.

Rademan dijo que en los próximos diez años ella se “sentiría cómoda de que cuando ponga este suéter en ese contenedor de reciclaje, no irá a un lugar malo”. Pero en Estados Unidos, advirtió, el progreso depende del panorama político: “Lo impulsa quien esté a cargo”.

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